cuaderno de fragmentos

APUNTES DE ANTONIO S. RÍO VÁZQUEZ

  • Apuntes
  • Autor
  • Veredes
  • Libros
Lugares
Mostrando entradas con la etiqueta Lugares. Mostrar todas las entradas

Proyectar y hacer

23 de abril de 2023


Llego a una cita en Compostela con algo de antelación, lo que me permite dedicar un tiempo a pasear por el casco histórico, aprovechando que el sol ya ha conquistado las primeras horas de la mañana. Decido recorrer el trazado que hubiese tenido la calle proyectada por Antonio Palacios entre 1932 y 1935, desde San Clemente a la plaza del Obradoiro. 

Intento, mentalmente, construir el perfil de la vía propuesta. Ver cómo integraría las diferencias de cotas desde Porta Faxeira al Pazo de Raxoi y qué hubiese conservado y destruido del antiguo caserío y las rúas medievales, utilizando como referencia un plano turístico en una valla publicitaria. La calle se llena de vida con la gente que entra y sale de la comisaría y de la oficina de correos, y varias veces debo apartarme por las furgonetas que realizan las labores de carga y descarga en su horario habitual.

Antes de alcanzar la catedral decido refugiarme en el Jardín de Fonseca, uno de los espacios verdes que Palacios hubiese integrado en su «Calle Galicia». Allí, la arquitectura vegetal se vuelve protagonista, compitiendo con las torres pétreas, especialmente el gran ginkgo biloba que tiñe de amarillo la escena. Este longevo ejemplar, que perdió a su compañera hace unos años, es de los pocos supervivientes del Jardín Botánico de la Universidad que hubo en ese lugar, con más de mil especies diferentes.

Ahora son miles de palabras grabadas en granito las que habitan el «Xardín das pedras que falan», una iniciativa del escritor Suso de Toro dirigida por el poeta Claudio Rodríguez Fer y diseñada por Pepe Barro y Olivia Fernández. Partiendo de un verso de Rosalía de Castro, fragmentos literarios en varias lenguas van conformando una espiral infinita... «Le long de la ligne de cœur un gisement d’infini» (Zéno Bianu).

Antes de abandonar el jardín, me detengo a observar el dintel de la puerta de acceso. Allí aparece escrito: «Se proyectó e hizo este jardín en el Rectorado del Sr. Dr. D. Juan José Viñas». «Se proyectó» aparece en cursiva, porque es diferente del «hizo». Podrían haber indicado solo una de las acciones, pero quisieron recordar las dos a quien visite el lugar, porque ambas son valiosas y necesarias: el pensar y el materializar, el proponer y el concluir, el proyectar y el hacer.

 

Leer más»

Biblioteca Joanina

7 de junio de 2022


Para alcanzar la Biblioteca Joanina hay que ascender hasta lo más alto de la ciudad. Allí, en el lugar de poder disputado en el medievo por la nobleza y el clero, se quiso asentar también «la sede que Augusta Coimbra ha dado a los libros, para que la biblioteca la corone». Recordándonos el esfuerzo que supone alcanzar el conocimiento, calles estrechas y escaleras eternas conducen a su encuentro en la Alta Universitária, como reservando su acceso, al igual que sucedía con la biblioteca de El nombre de la rosa. Pero aquí no son solo monjes privilegiados los que revisan los libros, si no un flujo permanente de turistas en un espacio que ahora forma parte de la Biblioteca Geral da Universidade de Coímbra.

La biblioteca es un gran cofre, un volumen prismático de pesados muros, situado perpendicular a la capilla inmediata y asentado en la ladera, en un extremo del patio de la Facultad de Derecho. En la visita se llega desde abajo, en un nuevo ascenso, ya interior. Resulta curioso —y significativo— que la prisión académica se situara bajo la biblioteca, justo donde comenzamos nuestro recorrido, para atravesar después la planta intermedia, destinada a depósito de libros. Estudiantes y libros encarcelados, aguardando obtener su lugar en la Universidad.

Desde un pequeño paso lateral alcanzamos la planta noble: el gran espacio dividido en tres salas repletas de libros, y presididas por figuras femeninas alegóricas que nos observan desde el cielo: la Bibliotecae Imago —la sabiduría encarnada en la propia biblioteca—, la Universidad —la búsqueda del conocimiento— y la Enciclopedia —la reunión de las distintas disciplinas de la ciencia y la cultura—. En ellas se expresa la idea de la biblioteca como el templo del saber, como fundamento para llegar a nuevos horizontes de conocimiento gracias al cobijo de la institución universitaria.


Siempre que me encuentro en una biblioteca monumental como esta tengo una doble sensación: primero uno se vuelve pequeño, abrumado e impresionado por la grandiosidad de la arquitectura y por el número de volúmenes almacenados. Después, me fijo en cómo todos ellos están accesibles, dispuestos para ser consultados, y pienso que esa doble cualidad es la razón de ser de una biblioteca: contener un universo en sí misma, y ofrecérselo a quien desee explorarlo.

La visita terminó devolviéndonos al exterior por la puerta principal. Acceder por la que hubiera sido la entrada lógica, reservada solo a personalidades y eventos especiales, nos hubiese privado de la secuencia espacial que permite entender la biblioteca en conjunto. Además la inscripción de la puerta nos da una última advertencia sobre su poderosa misión: «Lusiadae, hanc vobis Sapientia condidit arcem: ductores libri; miles et arma labor». Algo así como «Lusos, la Sabiduría os ha dado esta fortaleza; por capitanes [tenéis] los libros, por soldados y armas el trabajo».

Leer más»

Paralelo Guernica

8 de mayo de 2022


Como si fueran lugares de confluencia temporal, en determinadas ocasiones vivimos momentos con nuestros hijos muy parecidos a los transcurridos con nuestros padres. Hace poco experimenté uno de esos episodios, cuando acompañé a los más jóvenes de la familia al Museo Reina Sofía a ver, por primera vez, el Guernica, aunque esta vez la obra se encontraba en un espacio completamente diferente a dónde yo lo había visto siendo un niño. 

Desde aquella ocasión he tenido la oportunidad de contemplar el cuadro de Picasso en varios emplazamientos diferentes, aunque ninguno resultó tan impactante como descubrirlo en el Casón del Buen Retiro. Recuerdo la enorme urna de vidrio, una imagen que se quedó grabada incluso más que la pintura que protegía. Tardé varias décadas en conocer quién había sido el autor de aquel cofre tan singular, casi al tiempo en que volvía a visitarlo ya ubicado en el Reina Sofía.

Los encuentros posteriores, aún siendo más recientes, se diluyen tenues en la memoria. En alguna ocasión la sala estaba prácticamente vacía, en otras, como la última vez, se encontraba llena de gente y resultaba complicado observar la obra. Desde una esquina comenzamos a percibir los detalles, fácilmente asimilables cuando los horrores de la guerra volvían a ocupar los titulares.

La visita al museo coincidió con la lectura de «Obra maestra», de Juan Tallón, por lo que quise acercarme a ver de nuevo «Equal-Parallel: Guernica-Bengasi», la escultura de Richard Serra protagonista de la novela y expuesta en la sala 102. Frente a la aglomeración de la del Guernica, esta se hallaba prácticamente vacía, y pudimos caminar en solitario entre los cuatro bloques de acero corten. Alguien dijo que parecían cofres, desvelando un nuevo paralelismo entre este recorrido y aquel recuerdo recuperado del Casón del Buen Retiro.

Leer más»

La necesidad de una isla

23 de abril de 2022


Cuando viajé a una isla, en aquel remoto 2019, no podía imaginar que tardaría tanto tiempo en volver a alejarme de la tierra más próxima. Aquella vez la isla nos ofreció un lugar de reencuentros, de proyectos ilusionantes y de nuevas rutas que enseguida quedarían truncadas inesperadamente.

La tempestad que vino después nos dejó navegando solos. Durante mucho tiempo intenté buscar otra isla interior, una que ofreciera ese lugar tranquilo donde fuera posible sentarse y escribir mientras perduraba incesante la tormenta. Sé que muchos lo pudieron conseguir, pero yo no logré encontrar ese refugio, y seguí esperando que algún día amainara. 

Ahora, después de dos años sin apenas viajes ni apuntes en el diario de bitácora, he querido que uno de mis primeros destinos fuera una isla. Quería buscar otra vez esa sensación de alejarse de la costa, encontrarse en el medio del mar y percatarse de la necesidad de una isla. Y, al llegar al muelle, volver a sentir el suelo bajo tus pies. Allí, con un imprevisto sol de abril, esbocé estas notas, con la esperanza de que fueran un fragmento de un relato mayor, de un cuaderno que empecé a escribir en aquella isla lejana de 2019 y que, al poco tiempo, fui incapaz de continuar.

Leer más»

Una Escuela en la Historia

17 de octubre de 2020


«Una idea. Resistente. Muy contagiosa.
Una vez que una idea se ha apoderado del cerebro es casi imposible erradicarla.
Una idea totalmente formada y entendida se queda ahí aferrada.»

Dominic Cobb, en Origen (Christopher Nolan, 2010)

El segundo texto que recupero enlaza con el anterior, compartiendo el origen en la documentación del concurso-oposición para una plaza de profesor, y sirviendo de introducción al proyecto de investigación propuesto, un estudio de los proyectos para la sede de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Coruña y de los distintos referentes proyectuales que se perciben al analizar pormenorizadamente esas propuestas.

La Escuela Técnica Superior de Arquitectura de A Coruña se creó en el año 1973. Cuatro décadas después, en su salón de grados, obtuve el título de doctor con la tesis «La recuperación de la modernidad en la arquitectura gallega», una investigación dirigida por José Ramón Alonso Pereira que daba continuidad a una línea de tesis doctorales destinada a explicar el desarrollo de la arquitectura moderna en Galicia a lo largo del siglo XX, iniciada por Fernando Agrasar Quiroga con la herencia del Movimiento Moderno en la Galicia de los años treinta y llevada después, por Miguel Abelleira Doldán, hasta los años de la autarquía.

Una de las conclusiones de mi investigación afirmaba que el año 1973 había supuesto la consolidación del proceso de recuperación de la modernidad en la región, ratificándose con dos hechos colectivos fundamentales: la creación del Colegio de Arquitectos de Galicia —que daba forma institucional a las ideas que se habían gestado en los años previos—, y la creación de la Escuela de Arquitectura en A Coruña, la cual permitió organizar y articular el debate arquitectónico mediante un proyecto académico transmisible hacia el futuro a través de sucesivas generaciones de profesores y alumnos.

La última parte de la tesis se dedicaba a analizar la concepción arquitectónica de la Escuela, desde su origen en las gestiones realizadas por la Fundación Pedro Barrié de la Maza hasta su materialización final, estudiando las sucesivas versiones propuestas por los arquitectos Juan Castañón Fariña, José María Laguna Martínez y Rodolfo Ucha Donate, así como la posible influencia del equipo asesor estadounidense contratado por la Fundación, conformado por John McLeod y Raymond Caravaty. 

Aunque en la tesis esa evolución quedó como algo secundario, enseguida surgió la oportunidad de desarrollarlo —gracias de nuevo a José Ramón Alonso—, como un tema específico, a raíz de la comunicación que presentamos al X Seminario DoCoMoMo Brasil, organizado en Curitiba en octubre de 2013 bajo el título de Conexiones Brutalistas 1955-1975. Este trabajo permitió iniciar una investigación más exhaustiva sobre los autores, el proyecto y sus influencias, que se expuso en varias conferencias y congresos posteriores. 

Durante esa puesta en común quedó patente el carácter didáctico del edificio y de sus referentes proyectuales, y las sugerencias recibidas me llevaron a plantear un proyecto de investigación que pudiera servir para explicar una parte de la arquitectura del siglo veinte usando la Escuela como punto de partida, a modo de homenaje cuando está cerca de cumplirse medio siglo desde su creación, y demostrando así que un edificio denostado por la comunidad académica —recuerdo que fue de las primeras cosas que varios profesores comentaban a los recién llegados al centro— también puede valer para aprender y enseñar arquitectura. 



Leer más»

Lejos de las librerías

9 de mayo de 2020

Resulta extraño el transcurrir de las semanas lejos de las librerías. Detenerse ante sus escaparates y recorrer curioso su interior descubriendo las novedades y aquellos títulos ya conocidos que permanecen en exposición, demandando otra oportunidad. Perderse sin rumbo entre secciones, portadas y conversaciones y volver a casa más dichoso, acompañado del deseo de regresar pronto.

En 2013, el 41.º Premio Anagrama de Ensayo, se concedió a Librerías, de Jorge Carrión. Ese mismo año, la revista El País Semanal publicó un reportaje sobre las mejores librerías del mundo que se abría con su «Elogio a las librerías con historia». En él podía leerse: «Las buenas librerías son preguntas sin respuesta. Son lugares que te provocan intelectualmente, que cifran enigmas, que te sorprenden y te plantean retos, que te hipnotizan con esa melodía —o cacofonía— que crean la luz y sus sombras, los anaqueles, las escaleras, las portadas, la puerta al abrirse, un paraguas que se cierra, movimientos de cabeza que dicen hola o adiós, la gente en movimiento». Pocos autores han sabido reflejar como él la importancia y el interés de estos lugares. En su libro más reciente, Contra Amazon, sigue demostrando ese amor por las librerías —junto a las bibliotecas—, como escenarios fundamentales de nuestra educación sentimental.

Como él, me he descubierto a mí mismo persiguiendo librerías en mis viajes y situándolas a la altura de los grandes monumentos. Cada nueva ciudad suponía también revelar esos lugares, indagando primero a través de las recomendaciones de otros visitantes, buscando el consejo y la sabiduría de los que comparten esa fascinación, trazando la lista —posiblemente interminable— de mis librerías favoritas, muchas de ellas incluidas por el significado meramente personal más allá de su catálogo, belleza o categoría. Así, me resulta imposible recordar Roma sin la grandeza del local de IBS en la Vía Nazionale, —auténtico palacio de los libros—, o la Strand de Nueva York, igualmente impresionante aunque sin la monumental presencia barroca del caso italiano.

Son grandes locales que permanecen en la memoria, con usos diversos más allá de la compra de libros, como las distintas sedes de La Central en Barcelona y Madrid, junto a pequeños recintos inesperados como aquella librería en Londres próxima a Leicester Square que sirvió de agradable refugio en una lluviosa tarde de primavera y que, por mucho que lo he intentado, no he vuelto a localizar. Mis librerías tejen esa historia vital de momentos y anécdotas. En una villa al sur de Portugal, preguntaba por alguna cercana y me dijeron que, si apreciaba las librerías, tenía que visitar Centésima Página, en Braga, al norte del país. No tardé en hacerlo, descubriendo otro lugar mágico donde la ciudad y los libros se funden de una manera magistral. Lo mismo sucede en la acogedora librería Arquivo, en Leiria y, cuando vuelvo a Oporto, evito la escenografía masificada de Lello e Irmão —que prefiero en el recuerdo de hace décadas— y me retiro al ambiente íntimo de Circo de Ideias. Hace un año, visité por primera vez Las Palmas de Gran Canaria y allí me recomendaron la librería Canaima, permaneciendo como una de las mejores experiencias de aquel viaje.

Son recuerdos cercanos que durante estos días extraños se antojan tan lejanos. La última tarde antes de encerrarnos en casa, estuve en una librería, ignorando la distancia que nos separaría del próximo encuentro. Ahora espero regresar pronto, tanto a las más próximas como a aquellas que todavía no conozco.





Leer más»

La sala de escultura

1 de septiembre de 2019

Hace tiempo, en una visita al Museo de Pérgamo, recorriendo la sala de escultura clásica, nos encontramos de repente sin nadie alrededor. En silencio, una luz suave entrando por las ventanas creaba una atmósfera mágica, como un momento congelado en la eternidad que hacía del encuentro con la historia del arte algo irrepetible.

La situación vivida en Berlín contrasta con otra más reciente en la Galería de los Uffici. Interminables colas y una corriente de personas que nos arrastraba de una sala a otra, volviendo prácticamente imposible dedicar unos minutos a ver con tranquilidad no solo las grandes obras de la colección, si no también aquellas que descubres y te conquistan al momento, las que realmente hacen que valga la pena el paseo.

Thomas Struth: Pergamon Museum IV, Berlin

Los museos, sobre todo los grandes museos, han dejado de ser un lugar de reflexión y descubrimiento para convertirse en itinerarios de verificación. Lo describe muy bien Estrella de Diego en su libro Rincones de postales (Cátedra, 2014) cuando habla de los visitantes de museos: «No solo son ahora mucho más abundantes, sino mucho más distraídos, piensan en sus cosas incluso mientras el guía o la autoguía, muy popularizada, va explicando las salas. Da lo mismo lo que tengan delante: nada consigue atraparles genuinamente».

La masificación del turismo posee en esos museos uno de sus puntos críticos, con arquitecturas pensadas para una determinada función y capacidad, que son revisadas y reconvertidas para la creciente demanda. Un proceso que hace anhelar la de las fotografías de Fernando Maquieira en su serie «Nocturna»: un recorrido solitario por salas de todo el mundo durante la noche.

Fernando Maquieira: Nocturna

«Cuando Platón definió el amor como un “penetrar en belleza” debió haber añadido que se trata siempre de una belleza distraída, sorprendida en su ministerio», escribió Javier Gomá Lanzón en un artículo sobre la perversión del turismo masivo, y José Ramón Hernández Correa dedicaba dos entradas recientes en su blog al mismo tema, ejemplificado en el caso de La Gioconda: «Es más importante no decepcionar al público y no ofrecerle algo distinto a lo que está acostumbrado a ver que mostrar la verdad y proteger la obra».

Seguramente hoy ya resulta imposible la visita solitaria a aquella sala de esculturas, igual que lo es a muchos monumentos e incluso a pueblos y ciudades. Nos queda la esperanza de que, aun variando el viaje, permanezca la posibilidad de la sorpresa, del descubrimiento y del recuerdo imborrable.
Leer más»

Ruinas pasajeras

25 de agosto de 2019

Durante cuatro años, entre 1950 y 1954, Álvaro Cunqueiro publicó en el periódico Faro de Vigo una serie de artículos denominada «El pasajero en Galicia». Se trataba, más que de una guía de viaje, de un recorrido personal por la historia, la tradición y la mitología de la geografía gallega. Partiendo de los lugares reales, Cunqueiro desplegaba todo su conocimiento y erudición para trasladar al lector a geografías muy distantes, incluso imaginarias.

Como él mismo reconocía, en el pasaje dedicado a Ortigueira: «me encuentro con que los años me han hecho dueño, casi sin enterarme, de una memoria confusa y sentimental, en la que, cada día, aumenta en extensión y tinieblas el laberinto en el que me pierdo».

En el volumen publicado por Tusquets en 1989 bajo el mismo título que el escogido por Cunqueiro, César Antonio Molina —autor de la selección y el prólogo y otro de los grandes nombres que han descifrado de manera magistral los lugares que han conocido—, advierte que «en la mayoría de los casos sus reflexiones no pertenecen al presente desde el cual escribe, sino al pasado real o reinventado por él mismo. Cunqueiro, fundamentalmente, nos habla de las ruinas del mundo, en este caso el más cercano a sí mismo».

La atracción por las ruinas es recurrente en varios de los textos, aunque es en el dedicado al monasterio de Sobrado de los Monjes —convertido entonces en una colosal ruina romántica—, donde descubre la lección de las ruinas: «Lección que trasciende de la arqueología al ser y al estar del hombre en la Historia: solo en las ruinas hay respuestas: quizás las ruinas sean en sí mismas la única respuesta. No está muerto, dice Heine, repitiendo lo que dicen en Westfalia, todo lo que está enterrado...».

Lo que el autor mindoniense no podía imaginar al recorrer los claustros devorados por la vegetación es que, poco tiempo después, el monasterio sería completamente reconstruido y la ruina ignorada, quedando como otro momento pasajero en la memoria y en la melancolía, como otro lugar ficticio.
Leer más»
Entradas antiguas
Suscribirse a: Comentarios (Atom)

Archivo

  • abril 2023 (2)
  • junio 2022 (1)
  • mayo 2022 (2)
  • abril 2022 (1)
  • octubre 2020 (2)
  • mayo 2020 (1)
  • abril 2020 (1)
  • noviembre 2019 (1)
  • septiembre 2019 (2)
  • agosto 2019 (2)

Perfiles

  • Personal
  • Académico
  • Aroe

Temas

  • Arquitectura
  • Arte
  • Bitácora
  • Confinamiento
  • Docencia
  • Investigación
  • Libros
  • Lugares
  • Personas
© cuaderno de fragmentos • Diseño de MG Studio